sábado, 9 de enero de 2016

Hoy me dio con pensar



HOY ME DIO CON PENSAR
Por Romeo Blanco

Siempre he sostenido la hipótesis de que una herramienta mal empleada puede producir resultados adversos que dañan no sólo al individuo que hace mal uso de ella, sino que además puede afectar a otras personas ajenas. Hoy, meditando sobre el auge que ha tenido la delincuencia en nuestro país, merodea en mi mente una idea sobre la posible causa, y utilizando mi habilidad (perdonando la inmodestia) con los números y con los medios digitales, me puse a buscar indicios que sustenten mi hipótesis y que sirvan de conclusión en mi tesis. Como era de esperar, los resultados obtenidos fueron positivos.

Y mi teoría se basa en la muy acertada coincidencia entre el “modus operandi” de reciente importación en nuestro país para “ejecutar” actos vandálicos y la proliferación de los videos en donde se recogen actos delincuenciales que deambulan y se convierten en virales entre las redes sociales, videos que recogen hechos que en su mayoría no ocurrieron en nuestro país, sino en otros lugares tan peligrosos, inseguros y desmoralizados como Brasil, Tailandia, Perú, México, Guatemala y El Salvador, por mencionar unos cuantos, y que curiosamente muestran la misma forma de “operar” de nuestros neo-delincuentes.

Ya nuestros asaltantes, sicarios y vendedores de sustancias prohibidas no les temen ni a policías, ni a cámaras de seguridad, ni a la luz del día, por decir algunos factores que anteriormente limitaban sus acciones, porque simplemente esos videos ampliamente difundidos les han dado “nueva luz”, mediante un abanico de ideas de como delinquir impunemente y salir ileso.

Nuestros delincuentes, aunque no lo crean, sacan su tiempo para “aprender”, y la mejor manera de hacerlo es mediante el uso de la tecnología. No creamos que por el hecho de ser delincuentes no estén tecnificados. El internet, la televisión y los medios difusores de noticias y hechos son “aulas” en donde se pone sobre el pupitre de la vida los nuevos aprendizajes necesarios para salir a las calles.

Y es así como importamos de Tailandia y Brasil la modalidad de asalto donde mediante el uso de una motocicleta, con casco protector ambos delincuentes (y que no se lo quitan mientras ejecutan, para que no les vean el rostro) y en donde uno ejecuta el asalto mientras el otro permanece listo para emprender la huida con la motocicleta encendida; del mismo Brasil y El Salvador importamos la modalidad de hacerlo en bandadas o grupos, “peinando” la zona escogida y poniendo en zozobra y terror durante varios días dicha zona.

Del Perú hemos importado la modalidad de, escudándonos en el mismo problema de la inseguridad, utilizar nuestras propias manos para “hacer justicia”, pasándole causa y ejecución de la pena ipso facto al supuesto o verdadero delincuente, que casi siempre el veredicto es el mismo: tortura, muerte y grabación del hecho para luego ser colgado en la red, bajo la premisa de que con ello, los demás delincuentes se controlarán por miedo, pero colocando implícitamente y sin que ellos se percaten a los ejecutores en el mismo plano delincuencial del condenado.

De México y Guatemala hemos importado nuevas “tácticas” para el negocio de sustancias ilícitas, las cuales, por supuesto incluyen la del empleo de “mini-carteles”, guerrillas y pseudo-grupos preparados para el sicariato sin dejar pistas, con lo cual ponen en jaque no sólo la seguridad del país, sino también la credibilidad de nuestros organismos castrenses y de seguridad estatal. De El Salvador, Guatemala y Colombia importamos la modalidad de asalto en los autobuses de pasajeros mientras este se desplaza en su ruta, obligando al conductor a no detenerse mientras van despojando a todos y cada uno de los pasajeros de sus pertenencias a punta de pistola.


En conclusión, si hacemos un breve análisis de los hechos, organizados por fecha, y los comparamos con las fechas de aparición de esos morbosos y dañinos videos que tanto se comparten por las redes, nos damos cuenta de que no pueden haber coincidencias tan precisas como esas. De manera que yo, aunque nunca he sido muy dado a “propagar” compartiendo esos vídeos cuando no se tratan de asuntos de nuestro país, hago un llamado a los usuarios de redes sociales y medios digitales a evitar en lo posible convertirse en agentes propagadores de aprendizaje para nuestros nuevos delincuentes. Recuerden lo que dije al principio: Una herramienta mal utilizada puede perjudicar a toda una sociedad.

¡Dios les bendiga!

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